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11 de septiembre de 2023

Relatos del mundo Warcraft: Notorius Enigma

Notorius Enigma era la hermandad donde jugaba en la expansión de Legion. Hicimos un concurso de relatos sobre la hermandad y nuestros personajes y esto fue lo que salió.


Notorius Enigma.


Elkam tomó asiento en la taberna de Dalaran, sacó pergamino, tinta y pluma. Había trascurrido varios días desde el último ataque de la legión y comenzaba a sentirse bastante tenso. La inactividad le pasaba factura. “El regalo” que había dejado el Rey Exánime a los caballeros de la muerte empezaba a manifestarse. El anhelo de matar  y el ansia por sentir el calor de la sangre entre los dedos, si no la saciaba, se trasformaba en dolor físico. Un dolor que a veces era difícil de llevar, realmente difícil. 

Necesitaba distraer su mente de aquella maldición. Mojó la pluma y  puso toda su atención en el glifo que estaba perfeccionado. Una oleada de dolor le golpeó sin previo aviso. Apretó el puño con tanta fuerza que rompió la pluma estropeando el pergamino. Cuando la punzada pasó tomó aire y lo exhaló mascullando una maldición.

- ¡Maldito seas Arthas!

Recogió todo con fastidio y se levantó. Tendría que buscar otra manera de calmar el dolor. Quizás en los bajos fondos.

 Al pasar junto al tablón de anuncios, una nota se desprendió de este y fue a parar justo a sus pies. Llamó su atención  la pulcra caligrafía. Recogió la nota que estaba bastante manoseada y la leyó. Parecía un buen pasatiempo. Hablaba de un misterio a resolver escondido en un mapa y de salvar Azeroth. Se citaba a los interesados en aquel mismo lugar aunque varios días atrás. Conocía al firmante del escrito. 

El primer día que visitó la biblioteca de Dalaran, sus pesadas botas y el repiqueteo de la armadura habían perturbado la paz del recinto nada más entrar. Aquel muchacho se le había acercado por la espalda al trote recordándole e invitándole a dejar sus armas a la entrada del edificio. Pedirle a un caballero de la muerte que se desprendiera de su hojaruna era como pedirle a un mago que se cortara las manos. Superado el primer encontronazo los dos habían coincidido en su pasión por los libros y los escritos antiguos.


                                                              -o-


Athelstad  recogió la pila de libros de la sala de lectura y comenzó a colocarlos de nuevo en las estanterías. No dejaba de darle vueltas a la cabeza. Había acudido gente a su llamada; si pero la mayoría lo habían hecho para reírse en su cara. Los pocos que había mostrado interés eran eso: pocos. 

Muy pocos para una empresa tan grande. Necesitaba más gente que compartiera su convicción. ¿Pero cómo hacer para que se le uniera más gente? ¿Cómo reclutar nuevos héroes?

Terminó de colocar el último libro y se volvió para seguir con la tediosa tarea. Tan absorto estaba en sus pensamientos que de repente fue como darse de narices contra un iceberg. El choque le hizo retroceder hasta golpearse la espalda contra la estantería. Se encontró mirando a un ancho pecho vestido con una coraza negra y el tabardo de los caballeros de la espada de ébano. 

A pesar de haber hablado varias veces con Elkam, no podía evitar la impresión que este le causaba. Más tratándose de un elfo de la noche que le sacaba al menos tres cabezas y le erizaba todos los bellos de su cuerpo cuando estaba cerca y teniendo en cuenta que la resurrección del caballero estaba ligada a la escarcha, literalmente helaba el aire a su alrededor.

 -  Hola muchacho - dijo el elfo tendiéndole la nota - Háblame de esto.

Athelstad se recompuso la toga y recuperó el aliento. Había estado tan abstraído en sus divagaciones que no se percató de su presencia. Indicó al elfo que le siguiera a otra sala donde poder hablar sin ser molestados. 

 - El texto es ambiguo. Se puede interpretar de muchas formas - dijo Elkam después de haber estudiado el manuscrito que Athelstad le había mostrado- Esto parece escritura rúnica muy antigua.- señalo unas marcas que recorrían el borde del mapa.

  - ¿Sabes qué dice?

  - No.

  - ¿Podrías traducirlo? – Un atisbo de esperanza nació en el joven mago.  Si un oficial de los caballeros de ébano se unía a su búsqueda sería algo bueno, realmente bueno.

   - Podría- contesto Elkam con tono indiferente – Pero necesitaras un experto que descifre el mapa.

Las esperanzas de Athelstad se volvieron a desinflar.

 - ¿Conoces alguno? - preguntó tímidamente.

 - Tal vez. 


                                                             -o-


El joven mago apretó el paso, le costaba seguir las zancadas del elfo. Caminaron hasta llegar al otro extremo de la ciudad donde se hallaban la mayoría de los establos.  Elkam entró en uno de ellos donde se encontraba una mujer elfa de cabello plateado. Esta cepillaba con mimo a un enorme lince rojo que ronroneaba como si fuera un inofensivo gato doméstico. La entrada de los dos hombres la sorprendió. Athelstad observó que la mujer parecía incomoda con la presencia del exánime si bien era evidente que se conocían. 

Después de las debidas presentaciones el muchacho le tendió el pergamino. Ella lo estudió con creciente interés. Sunagami era una experta exploradora y su gran pasión, después de sus bestias, eran los mapas.

- Recuerdo este mapa - dijo ella devolviendo el documento al joven - Creo que tengo la copia en mi estancia. Seguidme.

La estancia de Sunagami estaba amueblada con estanterías atestada de cachivaches y manuscritos cartográficos de todo tipo. Elkam las examinó mientras ella rebuscaba el mapa en cuestión. Le llamó la atención un colgante sobre unas cartas antiguas. Lo reconoció. Era un regalo suyo. A su memoria acudió un viejo recuerdo de cuando fueron amantes, pero como todo lo de su vida anterior, le resultaba  ajeno. Como si aquellas vivencias fueran de otra persona. Cuando levanto la vista sus miradas se cruzaron. 

Sunagami esquivó sus ojos de un azul glacial  y volcó su atención sobre el mapa. El Elkam que había vuelto de Corona de Hielo a menudo le resultaba un completo extraño. No quería pensar en eso, ahora no. 

Desplegó el plano encima de la mesa aclarándose la garganta.

- Lo que tenemos aquí es lo que en criptogeografia se conoce como “notorious enigma”

- ¿Qué es un notorius enigma? - peguntó el joven sentándose

     - Pues algo que es notorio, obvio en el mapa. Que está ahí. Sabes que está ahí pero no está. Algo que sin estalo está y por lo tanto es un enigma - dijo ella asintiendo convencida de su explicación.

- Estoo… - El joven mago intentó no sonar demasiado bobo - No he entendido nada.

- ¡Exacto! - exclamó la elfa dándose una palmada en el muslo mientras asentía satisfecha.

El muchacho miró a Elkam en busca de un atisbo de comprensión. Este estudiaba las runas del mapa ajeno a la conversación.

-Si necesitas una exploradora estas en el sitio perfecto, tengo todos mis logros de exploración reconocidos - Sacó de la estantería un rollo de pergamino que al desplegarlo llegó hasta el suelo - Exploración de Azeroth y este es el más reciente – cogió otro pergamino y se lo tendió - Exploración de Draenor.

Athelstad le invadió el entusiasmo. Si cada una de las personas que habían acudido a su llamada aportaba una visión al asunto, sería genial.

- ¿De cuánto dispones? – pregunto Elkam.

- ¿Cuánto? ¿Cuánto de qué? - respondió Athelstad desconcertado.

-¿Cuantos recurso dispones para esta campaña?

- ¿Campaña? ¿Qué campaña? Yo…yo – comenzó a tartamudear - Yo… no tengo dinero. ¡Solo soy un estudiante!

- Lo suponía - Reprendió Elkam con desdén girándose  en redondo hacia la puerta. 

- Pero…pero… ¡No se trata de dinero! ¡Se trata de salvar nuestro mundo! – Alegó el mago viendo como es esfumaba el que podía ser uno de sus fichajes más potentes y además experto en runas.

Haciendo caso omiso el elfo abrió la puerta y se detuvo. Sin girarse del todo le habló a Sunagami.

- Suna- hizo una pausa - He encontrado a tu hermano.

La elfa se levanto de repente.

- ¿Está…?- no se atrevía a pronunciar la terrible palabra.

- Vivo… Entre los Illidari – y se marchó sin más.

 Ella se dejó caer el asintió sin decir nada.

- No nos va a ayudar - dijo Athelstad consternado. 

- Si lo hará – el rostro de aquella bella elfa se había ensombrecido - Elkam siempre ha sido una persona generosa aunque muy cabezota - Bajo la mirada perdida en algún recuerdo que manifestó en voz alta -  A menudo me sacaba de mis casillas pero luego no paraba hasta hacerme reír. Me niego a pensar que nada de eso queda bajo esa… capa de hielo.

“¡Pero qué dices mujer! ¡Estos tíos son un puñado de psicópatas sin sentido del humor. No sienten ni padecen y además huelen mal!  Aunque este no huelo mucho. Se ve que fue un muerto bastante fresco.”

 Athelstad apretó los labios y desechó ese pensamiento antes de que saliese de su boca. No era el momento.

- No nos va a ayudar - repitió

- Lo hará. No te preocupes.

- ¿Cómo estás tan segura?

- Se ha llevado el mapa - Dijo ella con una triste sonrisa.

                                                                -o-


Sunagami llegó al alto de Krasus preguntándose lo mismo que se había estado preguntado todo el camino: ¿Por qué? ¿Por qué Hykram había elegido ese camino? 

Sabía que la muerte de Elkam le había dejado destrozado y que las cosas en Terrallende se habían torcido separándolos pero… ¿Por qué? ¿Por qué unirse al traidor?

Suna se acercó a uno de los dos Illidari que guardaban el acceso al campamento. Su aspecto era desagradable con aquellos cuernos, los ojos inyectados en el fulgor de magia vil y sus pieles escamosas  cubiertas de tatuajes. 

- ¿Qué buscas mujer? - exclamó este.

- Busco a Hykram VeloNiebla, se encuentra entre los vuestros.

- ¿y quién le busca? - Pregunto el otro con tono amenazante.

- Sunagami – respondió ella sin amedrentarse.

Llevaba un buen rato sentada en el banco, mirando al suelo, sumida en sus pensamientos. Después de tantos años de búsqueda y dolorosa incertidumbre, de no saber si estaba vivo o muero. ¿De verdad se había convertido en uno de esos engendros? Preferiría que estuviese muerto. ¿Realmente lo prefería? No lo sabía. Necesitaba verle. Verle y oírlo de su boca: ¿Por qué?

Oyó su nombre en un susurro. Se levantó de inmediato y allí estaba su hermano, delante de ella. De su cráneo sobresalían unos pequeños cuernos. Llevaba los ojos vendados con una venda de lino. Su piel se había vuelto oscura y áspera cubierta de tatuajes de un rojo intenso.

- Hykram…¿porqué?- Suna fue incapaz de decir otra cosa.

- Creí que… - Hykram tuvo que interrumpirse. Otra vez la dolorosa imagen en su cabeza de él sin poder hacer otra cosa que rozar las yemas de los dedos de su hermana y contemplar cómo ella se precipitaba al vació.

Su demonio interior siempre estaba al acecho para atacarle  e intentar destruirle. Era una lucha constante. Descubrir que las dos  personas que más amaba no estaban muertas le había proporcionado a su demonio dolorosos recuerdos y emociones que usar como arma. La primera vez le cogió con la guardia baja pero ya no. Hizo una pausa para volver a desterrar al demonio  y continúo hablando con un tono sereno.

- Te di por muerta. No tuve valor para buscar tu cadáver y ver tu cuerpo destrozado contra las rocas. El dolor de haberos perdido a los dos me hizo perder el juicio. Por eso hui. No sé cuánto tiempo estuve deambulando por Terrallende hasta que los Illidari me recogieron. Ellos me enseñaron a transformar ese dolor en furia y me dieron una razón para seguir luchando.

Ella lo miraba sin comprender mientras se tapaba la boca con la mano. Hykram no esperaba otra cosa que no fuera repudio y dio por hecho que no había más que decir. Hizo una pequeña reverencia dando un paso hacia atrás para marcharse.

- Lamento el dolor que te he causado y te pido perdón.

Antes de que él se diera la vuelta, ella le rodeo el cuello con sus brazos y le abrazó con fuerza. No le importó que su piel fuera dura y áspera ni que su cuerpo estuviera tan caliente que parecía febril. Por fin había encontrado a su hermano.

- Te he buscado por todo Azeroth durante años - dijo ella entre sollozos - incluso le pedí a Elkam que te buscara - Se separó de él con suavidad - Él es un exánime. ¿Lo sabes?

Hykram asintió.

- Nos vimos a mi llegada a Ventormenta. Él me dijo que no habías muerto. ¿Pero como...?-De súbito miró hacia el cielo. Se quedo congelado un breve instante, susurró - Demonios.

- ¡Márchate, corre! ¡Busca un lugar seguro! - le grito mientras se alejaba de ella a paso ligero.

El aire vibró y todas las alarmas de Dalaran comenzaron a sonar de forma intermitente. La barrera mágica empezó a levantarse.

Suna se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y se marchó a toda prisa. Tenía que llegar a los establos y poner a salvo a sus bestias. La multitud de civiles que corrían a refugiarse en los bajos fondos le retrasaron la marcha. Cuando ya por fin estaba dejando la muchedumbre atrás alguien la agarro del brazo.

-  ¿A dónde vas? - le increpó Elkam con tono imperativo.

- A los establos, tengo que sacar a mis bestias - respondió ella.

- No. Tienes que dirigirte a refu…¿¡¡Pero qué haces!!?

Sunagami había cogido el mástil de una bandera que adornaba una de las fachadas y le estaba pegando enérgicos tirones hasta que consiguió arrancarla de la pared.

- ¡No iré a ninguna parte sin mis bestias! - exclamo blandiendo el mástil a modo de lanza.

Elkam frunció el seño y resopló, seguía siendo la misma mujer obstinada de siempre.  

Después de despachar a varios demonios por el camino, ambos llegaron a una bocacalle que daba a la plaza de los establos. De súbito el aire vibró y una explosión resonó en la plaza. Un infernal había caído muy cerca de los edificios incendiándolos.

Suna quiso ir corriendo al establo pero Elkam la sujetó.

- ¡Está ardiendo! ¡Tengo que sacarlos! - exclamó ella suplicante.

- No puedes acercarte con ese infernal ahí - Elkam observaba la plaza analizando la situación.

- ¡Morirán si no los saco! - hizo el intento de salir corriendo de nuevo.

Elkam la agarro con fuerza del brazo y la empujó contra la pared.

- ¡Sunagami! ¡Si haces que te maten de forma estúpida, te aseguro que levantaré tu cadáver como uno de mis esbirros!

- ¡No serás capaz! - exclamó Suna indignada.

- Ponme a prueba - Respondió él soltándola con brusquedad. La había agarrado con tanta fuerza que le dejó los dedos marcados.

Ella hizo un mohín y se frotó el brazo dolorido. No hubo más protestas, era consciente de que la situación no daba lugar a discusión.

- Quédate aquí hasta que esté despejado. –Elkam irrumpió en la plaza hojaruna en mano y comenzó a gritar - ¡Eh, monigote verde! ¡Montaña de moco! ¡Ven a luchar con alguien de tu talla!

El infernal comenzó a moverse lentamente hacia el caballero que consiguió captar su atención.

“¡Venga, venga! ¡Muévete maldito!”  La desesperación de Suna crecía viendo como las llamas alcanzaban al establo. Una sombra se movió por el tejado. Su lince había conseguido escapar pero los demás seguían atrapados. No podía esperar más. Los gritos de los animales la llenaban de angustia.  Se acercó con sigilo y entro en el establo. Comenzó a abrir todas las puertas de los recintos. El último en salir fue su lobo que había abierto un gran agujero en su puerta a mordiscos.  Cogió su arco que colgaban de la pared y corrió de nuevo a la plaza con el lobo a su lado. Solo tuvo que dar un fuerte silbido para que su puma acudiera también. 

 Fuera, otros combatientes tanto de un bando como de otro se habían unido a la lucha. Suna silbo y señaló a un manáfago. Sus dos bestias se abalanzaron contra el demonio mientras ella disparaba flechas hasta abatirlo. Se lanzo a la carrera para volver a tomar posición. Otro silbido, otro objetivo. Su disparo certero atravesó la garganta del demonio que pretendía decapitar a uno de los defensores.

Se retiró brevemente de la batalla para atender un feo corte que su lince tenía en el lomo. No perdía ojo de la lucha contra el infernal. 

Elkam y su hermano luchaban codo con codo como en los viejos tiempos. Vio a Hykram transformase en una oscura figura alada que expulsaba un haz vil por los ojos. Una porción de suelo alrededor de los pies de Elkam se volvió de un rojo ocre como la sangre y toda la vegetación dentro del área se marchitó. Un desdichado roedor que huía entró en el área y cayó fulminado. La descomposición del pequeño cadáver fue inmediata.

“No. No era igual que en los viejos tiempos. Ellos no eran los mismos y nunca volverían a serlo” pensó Suna mientras tensaba su arco con rabia. Esa interminable guerra contra la Legión Ardiente había cambiado sus vidas de forma cruel. Volvió a la lucha disparando con más furia que antes. 

Todos los ciudadanos de Azeroth tendrían que pelear para evitar que Sargeras acabara con su mundo. No lo podían permitir. Aprovechar cualquier cosa que supusiese una ligera ventaja era fundamental. Rendirse no era una opción. Y si el mago estaba en lo cierto, ella haría lo posible por hacer notorio el enigma del mapa.


Relatos del mundo Warcraft: Elkam Plenilunio

Creía que este relato lo había publicado aquí pero se ve que no. No recuerdo donde lo publiqué 😅

Elkam Plenilunio


Elkam se envolvió en su capa para protegerse del frio de la noche. Añoraba los cálidos bosques de Vallefresno, su tierra natal. El invierno se acercaba y las noches eran cada vez más gélidas.
Elkam era alto y ancho de espaldas como la mayoría de los guerreros de Darnasus. Portaba dos espadas a la espalda. Sus hojas eran largas, estrechas y muy afiladas. Ligeras de manejar, flexibles y a su vez extremadamente resistentes. Se las había comprado a un extraño vendedor ambulante tras mucho insistir y muchas cervezas. El comerciante  contó que esas “Katanas”, así  las  llamó el tipo, habían sido forjadas en tierras ignotas y eran piezas extraordinarias. Sin duda lo eran para el guerrero elfo.
  Cruzó el patio en dirección a la torre oeste. No hacía mucho que lo habían nombrado capitán de la guardia de aquel puesto fronterizo.
Al llegar a lo alto de la torre, el vigía allí apostado lo saludo con respeto.
- ¿Alguna novedad?- preguntó Elkam.
- No capitán, aunque parece que tendremos niebla esta anoche.
El capitán escrutó el horizonte y observó  como la bruma que se formaba parecía avanzar hacia ellos. Volvió a bajar y ordenó que cerraran las puertas.
La temperatura bajo de forma súbita. Finos copos de nieve empezaron a caer. Elkam los contempló con fastidio y maldijo para sí. Oyó a su espalda que alguien le llamaba, era Hykram, su hombre de apoyo y mejor amigo.
- He pensado que te vendría bien algo caliente- le ofreció un tazón de caldo humeante.
- Lo que realmente me sentaría bien es el calor de los muslos de Suna- Contestó con nostalgia.
-¡No hables así de mi hermana!- exclamó Hykram enfadado.

Elkam se echó a  reír; le divertían los celos de “hermano mayor” que le entraban a su amigo cada vez que hablaba de su relación con ella.
-No he dicho nada malo. Es la verdad- El guerrero no paraba de reír ante la cara de irritación de su amigo.
-¿No te había mandado a paseo? ¡Olvídate de ella!
Elkam dejó de reír y torció el gesto, se llevo la taza a los labios- Cambiará de parecer cuando vuelva a Darnasus.
Hykram abrió la boca para seguir con la reprimenda pero la cerró de pronto. Los dos amigos se miraron alarmados, ambos lo habían oído: el sonido inconfundible del silbar de una flecha, el impacto y el golpe sordo de un cuerpo al desplomarse.
De inmediato la campana de alarma de la torre oeste comenzó a sonar, segundos después otra flecha la hizo callar.
-¡Ve a la torre! ¡Corre!- Le ordenó Elkam mientras salía disparado a dar la voz de alarma.
Hykram subió los escalones como un rayo. Al llegar arriba vio a su compañero centinela muerto. Una flecha le había entrado por debajo de la mandíbula  atravesándole el cráneo. Se asomó con cautela y gracias a su aguda visión pudo distinguir a todo un batallón moviéndose torpemente entre la inusual niebla muy cerca de las puestas.
Algo se movió a su espalda, se giró rápidamente. Contempló horrorizado como el centinela se levantaba. Era imposible que alguien con semejante herida estuviera vivo. El soldado muerto sacó la espada de su cinto y lo atacó. Hykram lo esquivó por poco, la conmoción casi le tenía paralizado. El centinela volvió a la carga y esta vez casi logró  su objetivo alcanzándole en un brazo. Era difícil moverse en un espacio tan reducido. Hizo otra finta agarrando al soldado por el brazo empujándolo contra una de las vigas.  Sacó su daga y se la clavó en la espalda sin ningún resultado. ¡Qué idiota, no se puede matar lo que ya está muerto! Ese funesto pensamiento le bloqueaba. Oyó a Elkam en el patio gritando órdenes. El jaleo le sacó de su estupor justo a tiempo para aprovechar la inercia de su atacante y tirarle por la baranda abajo.
En la otra torre, el centinela también con una flecha mortal atravesándole la garganta, estaba en píe disparando contra sus compañeros del patio con puntería mortífera.
-¡Abatidle, maldita sea!- gritó el capitán Elkam a los desconcertados arqueros.
El centinela de la torre este, sin duda debía ser víctima de algún hechizo de control de masas, o al menos eso pensaron. Había abatido a los soldados apostados en la puerta norte del fuerte y a los compañeros que habían subido a detenerle.  Por más flechas que le clavaban este no parecía cejar en su empeño asesino.
Hykram llegó corriendo a la posición de su capitán. El tremendo sprint le había dejado sin aliento.
-Enemigo a las puertas- pudo decir mientras intentaba recuperar el resuello.
-¿Cuántos son? ¿A qué distancia?- le apremió Elkam.
-Elkam…..el centinela…..muertos…..se levantan- Hykram intentaba hablar entre jadeos.
Elkam lo miró sin comprender; de pronto un soldado gritó “¡Capitán, las puertas!” Dirigió la mirada hacia ellas y comprendió de inmediato lo que quería decir su amigo: Los soldados que hacia escasos momentos yacían muertos sobre la fina capa de nieve se habían levantado y comenzaban a abrir las puertas del fortín.
-¡Detenedles, deprisa!- Su reacción fue rápida, desenvainó sus dos katanas  y salió de su parapeto sin importarle que el centinela poseído siguiera lanzando flechas- ¡Quiero un grupo de arqueros en cada atalaya! Hykram, acaba con ese bastardo de la torre. ¡¡Defended las puertas!! ¡¡Moveos!!
Nada podía haber preparado a aquellos soldados de la Alianza para enfrentarse a semejante enemigo.
 Las puertas cedieron y dieron paso a un ejército de cadáveres andantes en diferentes grados de descomposición. Alguno no eran más que huesos unidos por jirones de carne seca. Su mera visión era perturbadora.
La primera carga fue brutal. Muchos defensores cayeron incapaces de reaccionar ante tan horrenda visión. A pesar del desconcierto inicial los soldados lucharon con fiereza frenando la incursión del enemigo en el patio.
-¡¡No vaciléis!! ¡¡Desmembradlos!!- Las katanas de Elkam cortaban los cuerpos putrefactos como si fueran mantequilla.  La única manera de pararlos era cercenar miembros.
A medida que luchaban el caos empezó a apoderarse de la vanguardia de defensores. Los soldados caídos se levantaban y combatían contra sus compañeros vivos. Un golpe devastador para las fuerzas defensoras. Por cada soldado de la Alianza que moría, el ejército profano ganaba un nuevo combatiente.
Un asaltante esqueleto se abatió sobre el capitán. Con una finta lo esquivó cortándole un brazo con una katana y con la otra le mutiló las piernas. Sin perder tiempo pisó el brazo del cuerpo desplomado que aún se agitaba furioso y de una patada se lo arrancó.
Sus hombres perdían terreno con mucha rapidez. Por más enemigos que derribaban no parecía hacer mella entre los atacantes.  No había más opción que resistir y ganar tiempo.
Buscó a Hykram entre los combatientes.  Lo llamó a gritos mientras corría hacia la torre de vuelo.  Los dos se encontraron a los pies de la torre y se refugiaron dentro.
-Quiero que cojas el vuelo y alertes al bastión - le apremió Elkam.
-¡No! ¡Yo me quedo contigo!-Hykram rectifico ante la hosca mirada de Elkam- Quiero decir…que puede hacerlo cualquier, yo soy más útil en combate y lo sabes. ¡Déjame luchar contigo!
No le faltaba razón y el guerrero elfo lo sabía. Hykram era más bajo y delgado que el resto pero lo suplía con creces con su tremenda agilidad y celeridad.  Era tan sigiloso y letal con sus dagas como una serpiente.
Elkam miró hacia fuera mientras Hykram seguía suplicándole que le dejara luchar a su lado. Volvió a sopesar la situación. Les estaban masacrando. El ataque inicial había dejado a sus hombres sin capacidad de reacción y la intensa lucha les estaba llevando al límite de sus fuerzas. Él mismo estaba exhausto y malherido. La hoja de sus espadas se habían roto aunque todavía conservaban el suficiente largo para ser mortales.
Pronto acabaría todo. 
- No es momento para cuestionar mis órdenes- su tono fue tajante-¡Vé!
"Si tu mueres yo muero contigo" Quiso decir Hykram,  quiso decirle tantas cosas que jamás se había atrevido a decirle...pero lo único que salió de su boca fue -Si capitán.
Hykram llegó a la plataforma de vuelo donde el hipogrifo graznaba y coceaba alterado por la contienda y los olores a sangre y muerte. Tardó un buen rato en calmar al animal y conseguir ponerle la silla, entonces reparó en que el fragor de la batalla había cesado. Le dio un vuelco el corazón y se asomó.
El combate se había de tenido. Solo quedaban en el patio el capitán y puñado soldados rodeados por la horda de cadáveres.
El comandante de las huestes se abrió paso seguido de otro individuo de igual aspecto; Un caballero vestido con una armadura negra adornada con calaveras y colmillos. Contempló al reducido grupo que no cedía en su empeño de defender el paso. Levantó un brazo en dirección al grupo y una mano invisible agarró a Elkam por el cuello y lo levantó en el aire. Los soldados se lanzaron a defender a su capitán pero no tenían la menor oportunidad. Fueron aniquilados.
El siniestro caballero se acercó con parsimonia mientras desenvainaba su acero. La espada brilló con los primeros rayos del sol haciendo que las runas inscritas en su hoja refulgieran con más intensidad. Y sin más miramiento atravesó con ella el pecho del elfo que seguía luchando por soltarse.
-Admirable- dijo el caballero de la muerte sin ningún rastro de emoción en su voz. Observó como Elkam exhalaba su último aliento en el suelo y su sangre teñía la nieve de rojo.- Llevad a este al bastión de Ébano. Lucha bien.

                       --o---

Remake 23




 Experimentando con Clip studio hice algunas mejoras a esta vieja ilustración. Luce algo mejor. 

9 de septiembre de 2014

El despertar del druida.

Un cuento corto que hice como presentación de dos de mis personajes de Wow. Tiene su ilustración pero está a lapiz y no sé cuando me atreveré a meterle color. Pido disculpas por los errores de lore que pueda tener.


Notas de la autora: He corregido un fallo de lore que había sobre la ubicación de los druidas durmientes y como soy así de fatiga no puedo releer un relato sin reescribir ciertas partes. 

Cap. I - Ulsey  CimadelTrueno.

Era una cálida mañana y como era la tradición tauren un grupo de jóvenes aprendices de druida se había reunido en Claro de Luna para celebrar el rito de primavera. 
Ulsey  no paraba de rascarse la barbilla. Estaba en esa edad en la que a los jóvenes  taurens empieza a crecerles la barba, lo que era un incordio porque picaba bastante. Comenzó a aburrirse. Conocía la ceremonia de memoria, la habían ensayado muchas veces. Tenía que permanecer allí sentado un buen rato hasta que sus maestros terminaran los rituales de presentación de ofrendas a los ancestros. 
Distraído observó el paisaje que le rodeaba. Su mirada se posó en una arboleda cercana que emanaba un tenue resplandor esmeralda. Dos palabras cobraron  forma en su cabeza de modo inmediato “Sueño esmeralda” Sus ojos se abrieron de par en par y una sonrisa pícara apareció en su cara. ¿Sería allí donde los druidas dormían el sueño esmeralda? ¡Eso tenía que verlo con sus propios ojos!

- ¡Oye Tolem! - le susurro a su compañero - Vuelvo enseguida, no me delates.
- ¡Que dices Ul! ¡¿A dónde vas?! - Tolem le miró sorprendido. 

Ulsey puso la mano en el suelo e hizo brotar un enorme champiñón. Cogió una rama, la partió en dos y se las clavó a modo de cuernos. Le puso su capa por encima y ¡Listo! Nadie notaría su ausencia. 

- Volveré antes de que se den cuenta. Lo prometo.- y se escabulló con sigilo felino hasta la arboleda.
- ¡Vuelve Ul! ¡Te la vas a cargar!- susurró su compañero alarmado.

Ulsey  cruzó la arboleda y llegó a la puerta del túmulo. Descendió de dos en dos los escalones que conducían a la cámara. La estancia estaba bañada de suave luz esmeralda y en su interior descansaban los druidas en círculo sobre lechos de piedra. Parecían congelados en el tiempo, pensó. Extendió la mano hacia la cúpula de luz pero no llegó a tocarla, sabía que no debía hacerlo. Su mirada recorrió las figuras durmientes hasta posarse en una fácilmente reconocible. El único tauren que descansaba allí. Le inundó un sentimiento de admiración y devoción. Lentamente caminó rodeando la cúpula hasta donde yacía el archidruida Hamuul. Tan fascinado se sentía  que no se fijó donde pisaba. Una raíz se enredó en su pezuña y sin que nada lo impidiera Ulsey cayó de bruces al interior de la cúpula esmeralda. Se dio la vuelta e intentó levantarse pero el cuerpo no le respondía, le pesaba demasiado. Un inmenso sopor le invadió. Los parpados se le cerraban sin poder evitarlo.
   - ¡No puede ser! Tengo que volver, tengo que…- El sueño esmeralda le envolvió por completo y el joven tauren quedó dormido junto a los demás druidas.

                   -o-

Ulsey intentó abrir los ojos. La luz era de un azul brillante y le dañaba. Los parpados le pesaban sobre manera. Lo intentó de nuevo. Con  los ojos entreabiertos vio un rostro de piel pálida y cabellera negra. La imagen era  borrosa. Alguien cantaba una dulce canción. No pudo entender lo que decía. Permaneció tumbado largo rato hasta que consiguió abrir los ojos por completo. Se encontró contemplando el techo de la cámara bellamente decorada. Entonces calló en la cuenta: la luz esmeralda había desaparecido. Se incorporó hasta quedar sentado.  Los durmientes tampoco estaban. 
Sintió un enorme peso en su cabeza que le hizo inclinarla hacía abajo, se quedó perplejo con lo que vio. Sus crines y su barba le habían crecido hasta la cintura y su pelaje gris se había vuelto negro. Se llevó las manos a las sienes donde sentía el peso palpando la enorme cornamenta que había crecido apuntando al frente como los de un adulto. ¿Un adulto? ¡Espera, no puede ser! Ulsey empezó a ponerse nervioso. Miró sus manos. Eran anchas y fuertes. ¡Eran Enormes! Cada vez estaba más alterado, no entendía nada. Se levantó de un salto pero el suelo y sus pies estaban a más distancia de la que debería. No controló el equilibrio y calló de morros. Su cornamenta se clavó en el terreno. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué significaba todo aquello? Ulsey se sentía cada vez más aterrado. Decenas de champiñones empezaron a brotar a su alrededor, uno nació debajo de su hocico y al crecer se le metió por el orificio nasal. Intentó zafarse  pero estaba bien clavado al suelo, tuvo que dar un enérgico impulso para soltarse. Tan fuerte fue el envite que quedó de nuevo tumbado boca arriba mientras montones de hongos surgían y explotaban soltando esporas a su alrededor. 
Un disco lunar comenzó a formarse encima de él, cuando completó la formación descargó su rayo. Ulsey quedó paralizado por el miedo. El rayo había impactado justo entre sus piernas. Se incorporó. El caos a su alrededor se aceleraba a medias que crecía  su pánico. El disco lunar aparecía aleatoriamente descargando rayos. Los champiñones germinaban y explotaban a un ritmo tan frenético como su respiración. El aire empezaba a arremolinarse y a formar pequeños tornados y él...él estaba a punto de ponerse a gritar igual que un crío histérico. El champiñón que le obstruía la fosa nasal hizo que se sintiese mareado. Le faltaba el aire y comenzó a perder la conciencia. En ese momento pudo percibir como la energía de su interior bullía descontrolada. 

  -¡Un momento!- Pensó- Aquí no hay nadie. ¿Esto lo estoy provocando yo?- Se sacó el hongo de la nariz, tomo una bocanada profunda de aire y exhaló despacio. Comenzó a controlar su respiración y a tratar de clamarse. A medida que lo hacía también se iba aplacando la naturaleza desatada de su alrededor. 
¿Que había ocurrido? Se preguntó mientras recuperaba la calma. Recordó haberse escabullido de la ceremonia para ver a los archidruidas durmientes y de haber tropezado en la estancia esmeralda. No recordaba nada del sueño, era más bien una sensación. La sensación de haber estado haciendo algo. ¿El qué? No lo recordaba.  ¿Durante cuanto tiempo?  Volvió a mirarse los brazos anchos como troncos de árbol. Sin duda había pasado el tiempo suficiente como para hacer de él un tauren adulto. Se quedó tumbado contemplando el techo abrumado por ese pensamiento. Una figura le tapó la visión. Ulsey se incorporó y reconoció al elfo de la noche que le miraba divertido. Era uno de los druidas durmientes, tuvo la certeza de conocerlo desde hacía mucho. El elfo se agachó y cubrió con su capa al tauren. Solo entonces Ulsey se percató de que estaba desnudo.

- ¿Cuánto tiempo ha pasado?- Preguntó.
- No lo sé amigo mío- respondió el elfo sosegado- Debes volver con tu gente. Cuando llegue el momento búscanos en el santuario de Malorne. Ahora debo irme.

El druida elfo se alejó dejando a Ulsey sentado en el suelo intentando asimilar todo aquello. ¿Qué habría sido de su gente? ¿Le reconocerían al verle? ¿Les reconocería él? Le caería una enorme bronca. Suspiró resignado y se puso en pié.
                                                



Cap. II - Yuhe Runaplata.

Yuhe reprimió un bostezo. Estaba algo cansado de estar allí plantado junto a su compañero durante horas. Guardaba las puertas del pabellón mientras sus superiores estaban reunidos. Una tarea bastante tediosa para un joven sendorei deseoso de demostrar su valía. De momento tenía que conformarse con misiones de escolta o vigilancia y poco más. En aquella ocasión le había tocado escoltar a una delegación Horda a Claro de Luna. 
Al término de la reunión su capitán les dio descanso hasta nueva orden. Comió con sus compañeros y luego decidió darse un paseo por el lugar. La frondosidad y belleza de aquel valle le recordaba mucho a los bosques de su patria.
Caminaba tranquilamente cuando reparó en una puerta tallada en la roca. Había oído infinidad de veces las historias sobre los túmulos del sueño esmeralda y sus ocupantes. No pudo reprimir su curiosidad y bajó a la cámara. Al entrar llamó su atención un enorme tauren despatarrado en el suelo. Su ropa estaba hecha jirones como si le hubiesen estallado. Yuhe se acercó alarmado para comprobar si estaba vivo. Sorprendentemente el tauren roncaba plácidamente. Reparó en los druidas que descansaban en sus lechos de piedra a escasos metros de él. No había ninguna cama vacia, algo no encajaba en aquella escena. ¿Qué podía haber sucedido para que aquel druida estuviese en el suelo de aquella manera?
Se levantó para acercarse al círculo de durmientes y antes de poder dar un paso sus pies tropezaron con algo yendo a aterrizar sobre la barriga del tauren. El joven elfo contuvo la respiración inmóvil. El druida abrió ligeramente los ojos, parpadeó resoplando levemente. El sonido de un cuerno se oyó en la lejanía. El paladín horrorizado se puso blanco y el pulso se le disparó. ¡Había sacado al druida del sueño esmeralda! Sin saber que hacer no se le ocurrió otra cosa que ponerse a cantar una nana Sin’dorei. Aquello pareció dar resultado. El tauren volvió a cerrar los ojos pero antes de poder sentirse aliviado Yuhe percibió movimientos a su alrededor. Levantó la vista y descubrió que los druidas estaban despertando. El cuerno seguía sonando ¡Había profanado el sueño de los druidas con su torpeza! Ese pensamiento se encendió en su cabeza chillando como una alarma gobling. No podía imaginar las consecuencias de semejante acto. Un pánico irracional le invadió y salió corriendo del túmulo. 
Sin aliento llegó a la orilla del lago y se dejó caer. No podía creer lo que acababa de hacer. Había huido de la escena del crimen. Permaneció un buen rato allí intentado en vano calmarse. Lo que más aterraba a Yuhe no era el castigo por haber interrumpido el sueño de los druidas si no la vergüenza que supondría para la familia Runaplata. Su padre era un héroe caído en Rasganorte.  Prefería afrontar cualquier castigo aunque la condena supusiera el fin de su carrera como paladín antes que manchar su nombre. Se encogió angustiado. Les decepcionaría igualmente. Nunca estaría a su altura. Nunca sería lo suficientemente bueno.

-¡Yuhe, al fin te encuentro!- exclamó una voz a su espalda. Al oír a su compañero yuhe se puso rigido de un salto. - El capitán quiere que nos reunamos con él en el pabellón central. 

El joven paladín sintió que el cielo se desplomaba sobre su cabeza. El tauren le había visto y le habrían identificado enseguida. Otros elfos de sangre componían la delegación horda pero solo él tenía el pelo de un negro azulado, algo bastante inusual entre los Sin’dorie. No podía huir otra vez, tenía que afrontar su culpa.
Yuhe entró en el pabellón como un zombi. Todo el mundo estaba allí reunido. Se quedó plantado en la entrada. Estaba totalmente pálido y un sudor frío le recorría la espalda. Su compañero al verle allí quieto le instó a que ocupara su lugar como escolta. Su capitán estaba de espaldas, se volvió hacía él. Yuhe tragó saliva y deseó con todas sus fuerzas que un vacío abisal se abriera en ese preciso instante bajo sus pies y le tragara. Aquello significaba el fin. Armándose de valor dio un paso al frente.

 -Mi capitán, yo...yo...- intentó formar una frase coherente.
- ¿Qué te ocurre muchacho? Estás muy pálido. ¿Te encuentras bien?- El capitán le miraba preocupado.
- No. Yo…- Yuhe estaba cada vez más blanco.
- Tienes permiso para retirarte - Le interrumpió el capitán-. En cuanto nos aclaren el motivo de hacer sonar el cuerno de Cenarius despertando a los druidas, le pediré a algún sanador que vaya a atenderte.
¿¿Como?? ¿Cenarius era quien había despertado a los druidas? El joven elfo sintió que la tensión de su cuerpo se relajaba de golpe. Le fallaron las rodillas.

- ¡Dahirus, Llévale a la enfermería!- ordenó el capitán.
- No, no. Estoy bien, estoy bien – Yuhe se sentó. El color volvió poco a poco a sus mejillas mientras daba gracias mentalmente a la luz, a Cenarius y todos los ancestros jurandose que jamás volvería a huir de sus responsabilidades y que siempre afrontaría las consecuencias de sus actos.
Ya recuperado del traumático trance observó a los reunidos. Se fijó en los druidas durmientes ahora despiertos. Había un tauren entre ellos pero no era aquél sobre el que había caído. Pensándolo con más calma, la presencia de aquel tauren en el túmulo era bastante extraña. Estaba fuera del círculo de piedra, tumbado sobre el suelo frío como si alguien lo hubiese arrojado allí sin ningún miramiento y su ropa estaba destrozada. Lo buscó con la mirada por toda la sala pero no lo vio. No volvería a verle hasta muchos años después. 
Afortunadamente para Yuhe aquello quedó en una vergonzosa anécdota que jamás contaría a nadie.


Cap. III.

Las tropas de la Horda comenzaron a embarcar en los zeppelines. Había un gran bullicio. Todos estaban entusiasmados y charlaban animados sobre el nuevo continente descubierto al sur de Azeroth al que se dirigían como apoyo. 
Una vez dentro del zeppelín Yuhe buscó un hueco entre sus enormes compañeros donde soltar su equipo de campaña. Orcos, taurens y trols le doblaban en tamaño. 
Entre la algarabía se oía la voz grave de un tauren que no paraba de contar chiste, hacer bromas y animar a sus compañeros con su alegre cháchara. Se volvió para mirarle divertido por su acento sureño. Se quedó de piedra. Conocía a aquel druida. Jamás había olvidado su rostro. ¿Como olvidarlo después de lo sucedido en Claro de Luna? Un sentimiento de vergüenza y culpa le había perseguido durante todos aquellos años. El druida reparó en la cara desencajada del elfo y se acercó.

-¡Eh, tú!- dijo posando su mano en el hombro del pálido Yuhe- ¿Es tu primera vez? No tienes ná que temer compañero. Los camaradas estamos pa protegernos los unos a los otros. Yo soy sanador y te aseguro que me emplearé al máximo pa que ninguno de vosotros recibáis daño.- el druida hablaba con entusiasmo mientras le estrujaba con su enorme brazo. Al retirar la mano de la armadura de Yuhe brotó un champiñón.

-¡Ups! Disculpa- dijo el druida mientras le quitaba el hongo- Aún no controlo del tó este hechizo.
   - Deja al muchacho Ul. Le vas a poner más nervioso de lo que ya está – dijo la sacerdotisa que lideraba el grupo.
-Y a mi me va a estallar la cabeza como no te calles - Exclamó un orco que andaba cerca.
- Pos aquí tengo un champiñón curativo ideal pa dolores de cabeza compañero Jorf- El druida se giró para seguir dando la tabarra al orco.

El joven paladín aprovechó para escabullirse. Al parecer el druida no le había reconocido, le había tomado por un novato. Prefirió pasar desapercibido y no discutir sobre sus logros. 

- ¿Te encuentras bien?- La sacerdotisa se le acercó. 
- No se preocupe por mí, lady Aorela- Yuhe se puso firme. 

Sentía una enorme admiración por aquella mujer. Siempre que la miraba no podía evitar preguntarse como alguien que llevaba tantos años luchando en tantas guerras absurdas podía seguir conservando la serenidad. No solo tenía el don de sanar el cuerpo si no también de sosegar el alma con la dulzura de su voz. 

   - Procura descansar, el viaje será largo- Tocó suavemente su hombro y la agitación que sentía desapareció.
- Así haré, lady Aorela.

   - ¡Para de una vez Ul! - Se oyó protestar una voz al fondo -¡Eres más latoso que un gobling!
- ¡¡Eeeeh!! ¡¿Que pasa con los goblings?! - respondió otra voz chillona.

Las horas pasaban lentamente. La noche había caído ya. En el interior de la nave solo se escuchaba el monótono rugir de los motores. Todos dormían excepto Yuhe que no conseguía conciliar el sueño. Comenzó cantar en voz baja una vieja canción Sin’dorei. Cantar le ayudaba a relajarse en las noches difíciles previas a un enfrentamiento.

- Eras tú quien cantaba aquel día. ¿Verdad?- era la voz del druida.
Yuhe calló de inmediato. Dudó un instante, luego tomó aire y contestó.
- Sí. Fui yo quien te despertó- Esperó la reacción del druida sin atreverse a mirarle directamente.
- Gracias- respondió el tauren recostado en un nicho cercano. Tenía cerrados los ojos y reposaba tranquilo con una sonrisa en la cara.
- ¿No estás enfadado?- Dijo Yuhe desconcertado.
- Ummm...yo no debía estar en el sueño esmeralda y...aún estaría perdido en él de no ser... por ti- Esta vez hablaba con la parsimonia habitual de los taurens- Lo que estoy es...agradecido.
- ¿Qué hacías allí tirado? Siempre me lo he preguntado- La cuestión le había estado reconcomiendo desde entonces.
   - Digamos que...mi entrada en el sueño fue... un dasafortunado…tropiezo.
   - Y tu despertar también lo fue- Murmuró Yuhe sintiéndose aliviado.

El druida se incorporó y le tendió la mano amistosamente.

 – Me llamo Ulsey Cimadeltrueno- le guiñó un ojo con picardía- Ul para los amigos.
    - Yuhe – El elfo le estrechó la mano profundamente agradecido por el indulto que acababa de recibir- Yuhe Runaplata.

Al soltar la mano del tauren sintió un tremendo hormigueo en su palma. Un champiñón crecía en ella.

- ¡Ups!- Ulsey disculpándose le despegó la seta de la mano- Tengo que practicar más.
 Al joven elfo le entró la risa floja y los dos comenzaron a reír.
   -¡Callaos!- grito un orco irritado- ¡algunos intentamos dormir!

Ambos volvieron a sus nichos y permanecieron en silencio. Aquella noche Yuhe durmió tan profundamente como hacia años que no lo hacía.

                                      Fin.


18 de febrero de 2014

Razid

Un pequeño relato que forma parte de uno de mis muchos guiones de cómic que andan cogiendo polvo en los cajones.


Razid

En la arcaica mansión en el corazón de Káydhas capital, una familia se reúne para acompañar a la abuela en los últimos días de su vida. La anciana con las pocas fuerzas que le quedan pide hablar con el hombre que se sienta junto a la chimenea vestido con una gruesa túnica que no deja ver su rostro.
El hombre se acerca al lecho de la anciana y todos los demás salen de la habitación. La anciana tiende su huesuda mano a éste.
- Padre...cuando yo muera...el demonio quedará libre... ¿Que pasará entonces?
El hombre coge la enjuta mano de la anciana con la suya, joven y fuerte.
- No lo sé...no lo sé.
                                                     -o-

En una cabaña en medio del bosque una familia hace su vida cotidiana, mientras la madre prepara la cena, las niñas “juegan” en otra habitación.
La mayor está concentrada haciendo los preparativos para lo que será su primer intento de invocación siguiendo las instrucciones de un viejo y raído libro.

-¿Y si estos demonios ya están cogidos? ¿Funcionará?- pregunta la pequeña asomándose al libro.
- Pues no sé...- dice la mayor comenzando la invocación.
-¡Aparece ante mí Jezzelek!- dice mirando la lista de nombres de seres demoníacos del libro. No ocurre nada.
-¡Acude a mí...Mazarak!- Vuelve a intentarlo varias veces sin resultado.
-¿Vas a recitar todo el libro?- dice la pequeña aburrida al cabo de un buen rato.
-¡Acude a mí poderoso...ummm...emmm...- sin mirar el libro, se lo inventa- ...Razid!
Un tenue resplandor empieza a brotar del círculo cobrando intensidad, la pequeña grita entusiasmada, a la mayor se le acelera el pulso. Tras un breve destello el círculo se apaga quedando las dos decepcionadas.

Toc, toc, toc, llaman a la puerta.
- Id a abrid niñas, debe ser vuestro padre- dice la madre desde la cocina.
Sin tiempo para recuperarse del fracaso la mayor corre a abrir la puerta. Frente a ella en el umbral de la puerta hay una siniestra figura envuelta en una túnica negra. Asustada vuelve a cerrar la puerta a toda prisa.
-¿Qué pasa? ¿Qué son esas caras?- llega la madre al escuchar el portazo.
-¡Es un brujo Kensai, es un brujo, he visto su montura!- dice la pequeña encantada.
La madre vuelve a abrir la puerta. Un caballero elfo vestido con elegantes ropajes y sonrisa amable espera junto a la puerta.
- Disculpe mi intromisión señora, no era mi intención asustar a las niñas.- dice de forma educada.
-¿En que puedo ayudarle señor?- pregunta la madre.
-Me encuentro de paso por estas tierras y me he desorientado, la noche se presenta fría y me preguntaba si podría ofrecerme cobijo, le pagaré bien.- dice el elfo.
-Mi marido está de caza y no tardará en volver pero no creo que ponga objeción en acoger a un viajero, pase y caliéntese junto a fuego señor... - dice la madre invitándole a entrar.
-RunaPlata a su servicio señora- responde el elfo con una cortés inclinación de cabeza.

-¿Es usted nigromante señor? – pregunta la mayor tímidamente mientras se ofrece guardarle la capa.
- ¡Sería estupendo tener un demonio para que proteja a mi familia!- Entusiasmada, la pequeña agasaja al viajero.
-Me temo pequeña que eso no es tan simple- dice el elfo en tono cordial- Para invocar a un demonio primero tienes que saber su nombre, luego tendrás que llamarle, luchar contra él y vencerle, amenazar su vida hasta obligarle a aceptar el pacto demoníaco que le convertirá en tu esbirro- Se inclina hacia la pequeña en forma de complicidad - pero si no estás segura de vencer déjale marchar antes de que empiece el combate y podrás salvar la vida, aunque ...- Se encoge de hombros - no siempre es una garantía. Los demonios odian a los brujos.

Sentados todos a la mesa para la cena, la madre está inquieta porque el padre aún no ha vuelto. Las niñas siguen su animada conversación sobre demonología con el forastero, la mayor le cuenta su aprendizaje  autodidacta y le pide consejo respecto a su fracasada invocación.

-Entonces...- El nigromante clava su mirada a la muchacha helándole la sangre- ...eres tú quien me ha llamado.

– Lo primero que te dicen en la escuela es que jamás llames a un demonio al que no puedas vencer. –Dice el elfo bajando el tono de voz. Su penetrante mirada deja paralizada a la muchacha y una sensación de pánico recorre el cuerpo de esta.

La madre está ocupada dándole de comer a la pequeña y demasiado preocupada por la tardanza de su marido como para prestar atención a la conversación de ambos.
-¿Y usted a vencido a muchos demonios señor Runaplata?- pregunta la pequeña despreocupada.
- ¡Oh si, ha muchos!-dice el elfo recuperando su habitual tono cordial- Y ahora, si me disculpan, creo que será mejor que me marche.- Se levanta de la mesa y recoge sus cosas para irse.
-¿Cómo? ¿No va ha quedarse?- dice la madre extrañada mientras le acompaña a la puerta.
- No ha sido una acción acertada ¿No es así?- el elfo lanza su pregunta al aire, nadie presta atención a la chica aún sentada a la mesa que pálida y temblorosa susurra “puedes marcharte”

En el umbral de la puerta el viajero le da las gracias a la mujer por la cena.
- Ha sido un placer señora y perdone las molestia que le he causado- le entrega una bolsa con oro, cuando la madre levanta la mirada del bolsón de dinero, el elfo ya no está, sale al camino a buscarlo y  se tropieza con el marido que está de vuelta.
No hay ni rastro del forastero.

                                                                  Fin

4 de mayo de 2013

Aprendiz de brujo

Un viejo dibujo que me decidí a meterle color y el relato que inspiró este personaje. Sigo con mi eterna pelea con Photoshop.



Aprendiz de brujo.

La oscuridad era total. Lentamente recuperaba la consciencia. Era incapaz de moverse y  abrir los ojos. Apenas le quedaban fuerzas para lamentarse, lo único que podía sentir era el tremendo zumbido de su cabeza y aquella sed atroz.

Sintió que alguien le zarandeaba y le daba de beber algo amargo. Poco a poco un mundo en espiral empezó a formarse a su alrededor, todo le daba vueltas. Intentó abrir los ojos, solo pudo abrir uno. Lo primero que vio fue el rostro peludo de la Tauren que lo sostenía entre sus brazos.


-¡¿Pero que has hecho Zeht?! – Pensó el elfo brujo alarmado - ¡Maldito festival de invierno! ¡Maldita cerveza Gobling!- Comenzó a quejase de forma casi agónica.


  No era la primera vez que después de una noche de juerga despertaba en los brazos de una dama, pero aquello…aquello significaba haber traspasado la línea de las necesidades puramente fisiológicas.

Un gruñido infernal taladró su cerebro. El Abisario esbirro del joven brujo, oyendo los lastimeros quejidos y creyendo a su amo en peligro se abalanzó sobre la tauren.



-Aaaahrg – Se quejó el elfo llevándose las manos a la sien. Si no cesaba aquel bramido de inmediato le estallaría la cabeza. Con un gesto rápido  retiró a su esbirro antes de que atacara a la Tauren.



  El alarido del Abisario le había destrozado las maltrechas neuronas que aún le quedaban. Hizo un esfuerzo por abrir los ojos de nuevo, consiguió hacerlo lo suficiente como para ver que no se encontraba en ninguna alcoba. ¡Uf, menos mal! ¡Aun llevaba la ropa puesta! Incluso llevaba un tabardo de hermandad.

 No recordaba pertenecer a ninguna logia. Llevaba poco tiempo en Entrañas, ciudad a la que se había trasladado para especializarse en las artes nigrománticas. No había dedicado tiempo a procurarse una hermandad hasta el momento, al parecer.



El enorme torbellino de su cabeza se iba calmando. El pelaje de la tauren era muy suave y desprendía un agradable aroma dulzón. Se estaba bien entre aquellos enormes brazos. Se relajó y empezó a divagar “igual…después de todo…no hubiera estado mal… ¡¿Pero que dices  Zeht?! ¡Menudo pedo pillaste anoche!”



-¿Te sientes mejor? – La grave voz de la Tauren interrumpió sus caóticos pensamientos reavivando la dolorosa punzada.



-Ten piedad y déjame morir aquí – dijo el joven elfo con un gesto de dolor.



-¡No digas tonterías Sindorei! ¡Nadie se muere de resaca! ¡Bebe un poco más, venga!- le acercó la pócima a los labios.



-¡Que asco! – exclamó Zeht.



 Si daba un trago más a aquel potingue vomitaría, en caso de que le quedara algo en el estómago cosa que dudaba. La mayoría de los alquimistas no perdían el tiempo encubriendo el mal sabor de sus brebajes, aquella pócima estaba especialmente repugnante. Se incorporó. Pudo ver que se encontraba en el gran patio exterior. La noche anterior había estado de taberna en taberna celebrando el festival de invierno con sus compañeros de estudios. Lo último que recordaba era haberse echado un mano a mano con un Renegado. ¡Normal que acabase como acabó! Los no-muertos no se emborrachan. ¿Cómo van ha hacerlo? ¡Están muertos!

Mientras ponía en orden sus ideas, la Tauren comenzó a preguntarle y a contarle que estaba buscando a un pariente. Todo aquello le importaba un pimiento a Zeht pero la buena educación recibida le impedía ser grosero, aunque ganas no le faltaban. Le prometió que la ayudaría en su búsqueda y le habría prometido que se casaría con ella con tal de que se callara. Aquella voz de soprano martilleaba su maltrecho cerebro de forma dolorosa.

Después de que la tauren le escribiera unos nombres y unas direcciones en un papel consiguió que  se marchara.

¡Por fin silencio! Estaba deseoso de llegar a sus aposentos, darse un baño, un afeitado y preparar el elixir de invención propia que usaba para ocasiones como esa.

Con gesto distraído fue a guardarse el trozo de papel en un bolsillo de su elegante toga de terciopelo negro. Ya estaba ocupado. Sacó de él un pergamino doblado y leyó: “Contrato de reclutamiento - Hermandad  Legión oscura”. Suspiró profundamente.



- Espero no haberme metido en un lío. – Pensó mientras se levantaba tambaleante.



Después de varios intentos consiguió invocar a su montura.



- ¡Vaya facha! ¿Otra vez de fiesta, eh amo? Hiiijijijiji – relinchó riendo el corcel vil.



- No me des la brasa – Zeht se agarró de sus crines y con mucho esfuerzo, pues cada movimiento era una agonía, se montó en su grupa.



- ¡Y supongo que ahora me toca llevarte de vuelta! – El corcel parecía entre molesto y divertido de ver a su amo en tan lamentable estado.



- Los caballos no hablan ¿sabes?



- ¡¡No soy un vulgar equino!! – Relinchó el corcel indignado mientras se ponía en marcha - ¡Soy un Corcel Vil! ¡Un demonio! ¡Y los demonios hablamos! Otra cosa muy diferente es que queramos dignarnos a dirigirles la palabra a los crueles amos que nos han arrancado de nuestro mundo para convertirnos en sus esclavos y…



- ¡Oooooh, mi cabeza! – gimió Zhet de forma lastimera.



- … obligándonos con sus humillantes órdenes…- seguía relatando el corcel.



- ¿Insinúas que te trato mal? – Le interrumpió el brujo.



- ¡Oh! Discúlpeme mi joven amo por considerar el ser invocado un claro atentado a mi libertad y mis derechos como individuo  que blablabla…

  Y así continuó la porfía entre jinete y montura mientras se adentraban en los oscuros túneles que conducían al corazón de la vieja ciudad subterránea.

                                                      fin


...Y sí, lo confieso: soy una jugona del World of Warcraft.